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juanriveros

Que se joda el BlackBerry

por Bloguero Oficial el 13-10-2011 08:58 PM

Son días maravillosos los que transcurren desde la entrada en crisis del sistema de mensajes de BlackBerry.


El buen Superintendente De La Calle quiso darse un baño de popularidad y sugirió que esta hecatombe informática (con lo que en Colombia sabemos de hecatombes) merecía algún resarcimiento por parte del productor del software que falló, en beneficio de los usuarios.


Qué mejor beneficio que descansar un par de días de una esclavitud tan tonta: no se habla, no se come, no hay vida sin el aparato al alcance de la mano.


La histeria colectiva se apoderó de los usuarios, y no pocos salieron a decir que el día se había perdido, que no se pudo adelantar ninguna actividad y que en realidad, como el Super afirmó, habría que ver cómo es que piensan repararnos los perjuicios.

Pero, que se haya leído, nadie se ha puesto a mirar la otra cara de esta moneda.


Las escasas horas que los usuarios de BlackBerry permanecimos sin facilidades de chat y con escaso ingreso a la internet fueron de saludable bienestar.


Los adolescentes, mis hijas por ejemplo, volvieron a serlo: ventilaron sus problemas en largas conversaciones telefónicas encerrados en sus habitaciones y se citaron en lugares públicos para hablar por hablar, que es tan buen ejercicio, y al menos por unas horas se volvieron a mirar a los ojos y dejaron a un lado el ridículo lenguaje que se viene acuñando desde el chat.


Los jefes también se vieron forzados a dar la cara en los comités y en las juntas y a los ascensores regresó el lúdico ejercicio de ver a los demás, imaginarles la vida, y si el trayecto alcanza, criticarles la ropa.


Si en un grupo de trabajo o de amigos alguien tuvo una duda, en lugar de estirar la mano como autómatas para consultar en la caja mágica, las personas ejercitaron la memoria y volvieron a echar una mirada en las bibliotecas para resolverla.


Hasta las parejas en dificultades no tuvieron más remedio que sentarse a hablar en lugar de desviar toda su atención hacia la pantalla del BB.


Como en las épocas del racionamiento de energía, muchas personas encontraron en este bache de la informática un espacio para dialogar, para jugar a las cartas o para pensar en otra cosa.


Sugiero que montemos el “Día sin BlackBerry”, que por decreto de los alcaldes que estamos a punto de elegir, se prohíba, aunque sea por 24 horas al año, el uso de este utensilio. Hasta mejor que un día sin carro.


Que sea un motivo entonces el apagón de la tecnología, para la dicha de los que apreciamos el valor de la buena conversación, para recordar los buenos modales, volver a mirar al interlocutor, almorzar sin mirarse las rodillas y sentarnos a esperar las indemnizaciones que nos va a traer el Superintendente De La Calle.

    

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