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por Moderador el 20-05-2011 10:12 AM - fecha de última edición 26-05-2011 09:27 AM

Los invitamos a participar en nuestro especial "HISTORIAS DE UN NUEVO PAÍS", buscamos héroes anónimos, aquellas personas que con sus historias han impactado de forma positiva su comunidad  para destacarlos en una edición especial de Revista Semana.

 


¡Usted puede hacer parte!, es muy fácíl: Cuéntenos su historia aquí. Solo debe subir el texto como Ciber-Periodista, recuerde firmarlo con su nombre real y con un correo electrónico al que podamos contactarlo.

 

Historias Semana.jpg

 

 

Comentarios
por caminante el 27-05-2011 10:05 AM

Recomiendo destacar como un heroe anonimo  al CAMPESINO COLOMBIANO. Los tiempos van pasando pero la historia del CAMPESINO vale la pena destacarla como el forjador anonimo de nuestra cultura e idiosincracia.Los colombianos tenemos una deuda para construir nuestra gratitud y aprecio  con el CAMPESINO. Aquel heroe anonimo  nos condujo a la victoria desde las luchas de independencia contra los españoles y hoy con su voto contribuye en las urnas en alto porcentaje al desarrollo del bienestar social de los colombianos. El campesino solo pide un minimo de paz y seguridad para continuar haciendo grata  su vida en el campo.El heroe anonimo nos ha legado los valores  y buenas costumbres del actual entorno sociocultural en que vivimos y todavia no hemos logrado entender y comprender que la realidad es trasformarnos para conseguir la PAZ. ---RODRIGO OTALORA BUENO. correo ro.tabu2000@hotmail.com--mayo 27/11

por anitahenao el 19-06-2011 08:36 PM

Buenas Noches. No sé si ya es muy tarde para comentar, pero es importante resaltar la labor de una ciudadana que resulta ser mi hermana.

 

Ella, con apenas 27 años, lleva la totalidad de su vida profesional como psicóloga -5 años- trabajando con cuerpo, alma y mente por las víctimas de la violencia de nuestro país. Recuerdo cuando apenas estaba haciendo la práctica profesional en el Hospital General de Medellín, que muchas veces llegaba a casa destrozada por las situaciones de vida de sus pacientes, cansada y reducida, para levantarse al otro día con estrategias profesionales para mejorar la calidad emocional de quienes pedían su ayuda, o de quienes no la pedían, pero la necesitaban... sin remuneración económica alguna.

 

Creo que todos los profesionales una vez obtenemos el título, buscamos un trabajo en el que podamos desempeñarnos sin desgastarnos en extremo en el que nos paguen lo justo, lo digno... sin embargo cuando mi hermana se graduó, comenzó a trabajar pro bono con las Madres de la Candelaria, mujeres que luchan en contra del olvido y de la injusticia, aquellas voces de miles de víctimas; madres, esposas, hijas que han sufrido en carne propia la brutal violencia que sufre Colombia por el conflico armado. Dos años trabajó arduamente con esta organización que tristemente -y como es de esperarse- no tenía los medios para retribuir económicamente su labor.

 

Fue así que comenzó a adentrarse en ese mundo oscuro, que todos comentan, algunos niegan y que nosotros los citadinos poco conocemos; el lado oscurísimo de esta guerra que casi nadie quiere ver, sentir, del que todos se quieren lavar las manos, el lado oscuro que sigue hundiéndose entre mitos y realidades por la indiferencia de la ciudadanía general y por el miedo de los más vulnerables. Desde 2009  ha trabajado como psicóloga en el Proyecto de Reparación a Víctimas de la Violencia de la Gobernación de Antioquia. 

 

Ella ha tratado a miles de víctimas; tiene en su alma miles de historias de eventos sanguinarios que para el país son cifras... Para ella cada víctima, cada historia, cada campesino, cada asesinado, cada madre, cada anciano es un ser humano, un ciudadano, NO UNA CIFRA. 

 

La he visto llorar con impotencia las injusticias de las que es testigo. La he visto a punto de renunciar a una causa que parece perdida, la he visto gritar de dolor ante una situación irreversible... pero la he visto siempre despertarse como toda una profesional, haciendo a un lado su dolor, con una sonrisa en su cara para recibir a sus pacientes de otro día tan duro o peor al de ayer. 

 

Está siempre generando actividades creativas, didácticas, ingeniosas para involucrar a "sus víctimas" y logra que niños, adultos y ancianos, hombres y mujeres, analfabetas, tímidos y enojados se sienten juntos en un salón y hagan parte de la sesión con total integración y éxito.

 

Ella vivió en Urabá, en una de las zonas más afectadas y conflictivas del país por la guerra absurda, por su trabajo. Ella ha arriesgado su vida y ha visto cómo algunos de los que luchan por su misma causa han muerto a plomo por la amenaza que representan quienes quieren justicia y reparación para quienes han perdido su voz, sus tierras y sus seres queridos en este país. Allá, en Urabá la visité. En Turbo la acompañé a una jornada en la que ninguna víctima habló abiertamente acerca de su situación particular. Me limité a ayudarles a escribir a aquellas personas que no sabían cómo hacerlo en un papel mensajes para sus familiares asesinados o desaparecidos. Al final del día sentía que una parte de mi alma había muerto.

 

Ella es una heroína por una sencilla razón: cuando le digo que lo deje, que renuncie, que es demasiado duro para el alma, que es muy peligroso, que su vida estáen juego, ella me responde: "Anita, cuando una víctima me abraza con lágrimas en los ojos, y me dice "gracias mijita", por favor no se olvide de nosotros, la quiero mucho", todo vale la pena. No soy capaz de irme"

 

Nunca pensé que ella pudiera ser capaz de desempeñar una labor como esta. Siempre me consideré una persona fuerte, mucho más que ella... pero la vida da lecciones. Jamás podría realizar la labor social que ella hace. Muy pocos podrían... aún más en un país de influencias en el que aunque se quiera hacer mucho, se logra hacer poco... Ella ha marcado la diferencia, si no para el país, para miles de colombianos que sólo querían ser escuchados mientras alguien les mirara los ojos diciendo: usted y su historia, importan.

por anitahenao el 19-06-2011 08:43 PM

Buenas Noches. No sé si ya es muy tarde para comentar, pero es importante resaltar la labor de una ciudadana que resulta ser mi hermana.

 

Ella, con apenas 27 años, lleva la totalidad de su vida profesional como psicóloga -5 años- trabajando con cuerpo, alma y mente por las víctimas de la violencia de nuestro país. Recuerdo cuando apenas estaba haciendo la práctica profesional en el Hospital General de Medellín, que muchas veces llegaba a casa destrozada por las situaciones de vida de sus pacientes, cansada y reducida, para levantarse al otro día con estrategias profesionales para mejorar la calidad emocional de quienes pedían su ayuda, o de quienes no la pedían, pero la necesitaban... sin remuneración económica alguna.

 

Creo que todos los profesionales una vez obtenemos el título, buscamos un trabajo en el que podamos desempeñarnos sin desgastarnos en extremo en el que nos paguen lo justo, lo digno... sin embargo cuando mi hermana se graduó, comenzó a trabajar pro bono con las Madres de la Candelaria, mujeres que luchan en contra del olvido y de la injusticia, aquellas voces de miles de víctimas; madres, esposas, hijas que han sufrido en carne propia la brutal violencia que sufre Colombia por el conflico armado. Dos años trabajó arduamente con esta organización que tristemente -y como es de esperarse- no tenía los medios para retribuir económicamente su labor.

 

Fue así que comenzó a adentrarse en ese mundo oscuro, que todos comentan, algunos niegan y que nosotros los citadinos poco conocemos; el lado oscurísimo de esta guerra que casi nadie quiere ver, sentir, del que todos se quieren lavar las manos, el lado oscuro que sigue hundiéndose entre mitos y realidades por la indiferencia de la ciudadanía general y por el miedo de los más vulnerables. Desde 2009  ha trabajado como psicóloga en el Proyecto de Reparación a Víctimas de la Violencia de la Gobernación de Antioquia. 

 

Ella ha tratado a miles de víctimas; tiene en su alma miles de historias de eventos sanguinarios que para el país son cifras... Para ella cada víctima, cada historia, cada campesino, cada asesinado, cada madre, cada anciano es un ser humano, un ciudadano, NO UNA CIFRA. 

 

La he visto llorar con impotencia las injusticias de las que es testigo. La he visto a punto de renunciar a una causa que parece perdida, la he visto gritar de dolor ante una situación irreversible... pero la he visto siempre despertarse como toda una profesional, haciendo a un lado su dolor, con una sonrisa en su cara para recibir a sus pacientes de otro día tan duro o peor al de ayer. 

 

Está siempre generando actividades creativas, didácticas, ingeniosas para involucrar a "sus víctimas" y logra que niños, adultos y ancianos, hombres y mujeres, analfabetas, tímidos y enojados se sienten juntos en un salón y hagan parte de la sesión con total integración y éxito.

 

Ella vivió en Urabá, en una de las zonas más afectadas y conflictivas del país por la guerra absurda, por su trabajo. Ella ha arriesgado su vida y ha visto cómo algunos de los que luchan por su misma causa han muerto a plomo por la amenaza que representan quienes quieren justicia y reparación para quienes han perdido su voz, sus tierras y sus seres queridos en este país. Allá, en Urabá la visité. En Turbo la acompañé a una jornada en la que ninguna víctima habló abiertamente acerca de su situación particular. Me limité a ayudarles a escribir a aquellas personas que no sabían cómo hacerlo en un papel mensajes para sus familiares asesinados o desaparecidos. Al final del día sentía que una parte de mi alma había muerto.

 

Ella es una heroína por una sencilla razón: cuando le digo que lo deje, que renuncie, que es demasiado duro para el alma, que es muy peligroso, que su vida estáen juego, ella me responde: "Anita, cuando una víctima me abraza con lágrimas en los ojos, y me dice "gracias mijita", por favor no se olvide de nosotros, la quiero mucho", todo vale la pena. No soy capaz de irme"

 

Nunca pensé que ella pudiera ser capaz de desempeñar una labor como esta. Siempre me consideré una persona fuerte, mucho más que ella... pero la vida da lecciones. Jamás podría realizar la labor social que ella hace. Muy pocos podrían... aún más en un país de influencias en el que aunque se quiera hacer mucho, se logra hacer poco... Ella ha marcado la diferencia, si no para el país, para miles de colombianos que sólo querían ser escuchados mientras alguien les mirara los ojos diciendo: usted y su historia, importan.

 

Ana María Henao López.