Hoy es norma ser crítico del proceso de paz de Andrés Pastrana. Hace 10 años no. Comprensiblemente, se tiende a pensar de acuerdo con el gobierno de turno.
En San Vicente del Caguán se hicieron decenas de audiencias públicas temáticas. Fui a la número 23, en agosto de 2000, en Los Pozos, sobre la construcción y la situación de los usuarios de crédito de vivienda.
Asumo que fui en un vuelo oficial, con el Contralor de la época, pues yo era su secretario privado.
Al regreso, escribí un artículo para La Opinión, de Cúcuta, después del cual resultó claro que era mejor que no fregara más con el tema.
“¿Para qué sirven las audiencias en el Caguán?”. “Muchos asistentes creen que la satisfacción de sus
reivindicaciones sociales dependerá del éxito de la guerrilla en la negociación”.
“Las Farc están cautivando, así, diversas bases populares urbanas”, anoté.
A esa audiencia no asistió el gobierno, menos los partidos. “Pueden ser un sainete sin mucha incidencia a la hora de la verdad, debido –en parte- a la composición del auditorio”.
Resalté, sí, que “los comandantes ya no ponen las armas encima de la mesa que presiden”. No se me ocurrió volver por allá. No quería ver más con mis ojos esa derrota del país.
Muy el 11 de enero de 1999 –repasando otras columnas-, en “Paz: el plan B” compartía la inquietud de no tener solo estrategia política.
Con cierta grandilocuencia: “Siempre hay un límite en los asuntos de los hombres, y sería bueno que la guerrilla entienda que el Gobierno de Colombia no está compuesto por pendejos”.
Pasaba, por ejemplo, que el ‘mono Jojoy’ decía que la tregua (no la paz) vendría cuando se aprobaran 8 de los 10 puntos de las Farc!
“Las condiciones del Caguán son, en esencia, el costo político de las recientes derrotas militares de las Fuerzas Armadas”.
Hoy el presidente Pastrana, en El Tiempo, rescata que tenía un plan militar, junto con los diálogos de paz, a los que según él, llegamos “en ruinas, humillados y resignados”.
El Plan Colombia es innegable, pero si las Farc hubieran aprovechado la idea de debacle que tenía el presidente del país y materializado su “ventaja inicial”, habríamos sido un país co-gobernado por los que hoy están muertos.
No volví porque no quería ver muestras de lo que habría significado eso. Semejante pobreza de ideas, con el fusil en el alma, no habría llevado a ningún cambio social deseable.
Pero no se puede estar feliz con el costo pagado ni con lo que tenemos. Así ha sido el país.
